A PROPÓSITO DEL ARTÍCULO “COLOMBIA TIENE EL TERCER MEJOR SISTEMA DE SALUD DEL MUNDO”
Cuando la revista americana International Living publicó los rankings que realizan sus usuarios, ubicó a Colombia con el muy honroso tercer país con el mejor sistema de salud del mundo, desde dirigentes políticos hasta ciudadanos del común comenzaron a dar sus apreciaciones personales, por ejemplo el presidente de la república en su cuenta de twitter (@JuanManSantos) trina “Hoy Colombia tiene un mejor sistema de salud, la @WHO lo reconoce. @inlining nos ubica como el 3er país con la atención médica del mundo”. A raíz de ese trino, se viene una avalancha de respuestas donde los usuarios de esa red social se van lanza en ristre en contra del mandatario con comentarios como “Haber si entiendo… Si las EPS no pagan, o se quiebran es un buen indicador??? (@jgomez_quevedo)”, “Porque no se dan una pasadita por los servicios de urgencias para que se den cuenta de esta mentira (@dacast13med)”, “Y si somos 3ros en el mundo, a que te fuiste a EEUU? Porqué NO se hizo los chequeos en una EPS colombiana? (@KarlosKontrol)”, entre otros un poco más subidos de tono.
Aunque parezca un chiste y de los malos, el artículo tiene mucha razón.
El sistema de salud colombiano es un conjunto de elementos que se encuentran interrelacionados y que interactúan entre si para lograr un objetivo, en este caso mantener un nivel de salud adecuado en la sociedad colombiana y de todo aquel que solicite los servicios de salud. Este sistema está muy bien articulado, donde la colaboración entre aportantes y subsidiados es la cualidad fundamental para el mantenimiento del mismo.
Para hacerlo un poco más gráfico entró a explicarles:
El sistema se nutre de los aportes que la clase trabajadora y toda persona que tenga capacidad de pago debe hacer al sistema. Cómo yo soy afortunado de tener un empleo, entonces debo hacer parte de este grupo, haciendo un aporte del 12% de mi salario para el sistema, si soy empleado, yo aporto el 4% y mi empleador el 8% restante, si soy independiente yo mismo hago la totalidad del aporte (12%).
Pero esta no es la única forma de ingreso de recursos al sistema, las rifas, juegos de azar, loterías también deben rendir un tributo al sistema.
Esto hace que el sistema por si mismo pueda subsidiar a ese pequeño grupo poblacional que definitivamente no puede acceder a los servicios de salud mediante un pago.
Pero si esto es así, ¿por qué el sistema está tan satanizado en nuestro país?
La respuesta es muy sencilla. Los actores del sistema nos hemos encargado entre todos de perratear (perdón por la expresión) el nivel de recursos que pueda obtener el sistema.
¿Cómo puede ser posible que el sistema este quebrado si recibe recursos de más del 90% de la población en capacidad de trabajar?
Si yo como empleado me gano $10.000.000 y me dicen que debo aportar el 12% de mis ingresos al sistema, entonces debo pagar $1.200.000 al sistema. ¿eso quiere decir que yo le pago todo ese dinero a mi EPS para que me asegure la prestación de los servicios de salud?
La respuesta es NO, ese dinero se va en su totalidad para el FOSYGA, y a la EPS solo llega el valor de la UPC de las personas afiliadas que si nos ponemos a ver en muchas ocasiones es un valor irrisorio teniendo en cuenta el nivel de cotización y el riesgo de contraer enfermedades de acuerdo a cada una de las etapas de la vida.
Uno de los principales problemas del sistema (duele decirlo) es el propio colombiano usuario del servicio de salud. Aquel que trabajando como independiente genera para si mismo ingresos de más de 7 u 8 cifras en su cuenta bancaria, pero aportan al sistema informando un ingreso base de cotización del salario mínimo. O peor aún, aquellos colombianos que recibiendo mensualmente en sus cuentas esas cifras estrafalarias y se encuentran afiliados al régimen subsidiado (si señores, no pagan absolutamente nada porque les subsidiamos los servicios de salud). Entre estos encontramos los trabajadores informales, zapateros, camioneros, conductores, pero así mismo están los dueños de esos negocios.
Ahora bien, no solo tenemos el tema económico. Nosotros los colombianos estamos acostumbrados a utilizar los sistemas sanitarios de manera inadecuada. Un claro ejemplo de esto es cuando vamos a los servicios de urgencias por una gripa, un malestar estomacal o peor aún a pedir una incapacidad porque tenemos guayabo o llegamos muy cansados de un viaje y no queremos ir a trabajar. Como bien lo dice el nombre del servicio, este debe ser utilizados para la urgencia, y llamamos urgencia a aquel evento de salud física o mental que pueda comprometer seriamente la vida. Por una gripa, una diarrea o un guayabo difícilmente vamos a morir, para esas dolencias por favor usemos los servicios de consulta externa.
Otro factor que desangra el sistema es la manía que tenemos de estar poniendo tutelas por todo y por nada.
¿Acaso no es la tutela un mecanismo que permite la protección de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución?
Claro que sí, pero yo les hago una pregunta, ¿Cuándo una pareja tiene sus hijos, salen corriendo a los juzgados a entablar acciones de tutela para que las EPS se encarguen de darles a esos bebés los pañales, pañitos, cremas y demás que necesitan durante toda su primera infancia? No, en general son los padres de esas criaturas desamparadas quienes corren con los gastos de esos elementos que permitirán a esos bebés mantener una calidad de vida adecuada.
Si eso es así, ¿por qué motivo recargamos esos mismos gastos a las EPS cuando se trata de nuestros padres, abuelos y demás personas de la tercera edad?, ¿Acaso ellos ya no son responsabilidad de un núcleo familiar y es el estado quien debe responder por ellos?
El ejercicio de la tutela corrompió por completo el sistema de salud gracias a que los jueces poco y nada saben de medicina y por esa razón ceden en su gran mayoría a los deseos de los tutelantes haciendo que estos puedan llegar a exigir hasta que las EPS les den una mesada en dinero.
Por último pero no por eso menos importante, encontramos el “cáncer” más grande de nuestra sociedad, la corrupción.
Día tras día, en los noticieros locales y nacionales aparecen notas sobre la percepción del mal servicio ofrecido por las EPS y las clínicas en general. La corrupción no solo se ve en los bajos mandos donde se cobran medicamentos y procedimientos con valores más altos que los estipulados o por el recobro dos o más veces de procedimientos realizados o en el peor de los casos ni siquiera ordenados. La corrupción viene también desde las altas esferas del gobierno (ministerios y superintendencias) donde intervienen las instituciones para manejarlas a su antojo haciendo que estas pierdan completamente su autonomía financiera y administrativa lo que lleva a que los recursos asignados a los servicios de salud que son recursos públicos se pierdan a la mitad del camino.
En resumen mis queridos lectores, estos son a mi parecer los principales problemas que hacen que la percepción del sistema de salud sea tan precaria, como se puede llegar a evidenciar no es el sistema, es la sociedad colombiana la que no nos permite el progreso.
En Colombia "hecha la ley hecha la trampa" y "no sobrevive el más fuerte sino el más vivo sin importar por encima de cuántas vidas deba pasar.